… sino a quien conmigo va.

¡Quién hubiera tal ventura

sobre las aguas del mar,

como hubo el infante Arnaldos

la mañana de San Juan!

Andando a buscar la caza

para su falcón cebar,

vio venir una galera

que a tierra quiere llegar;

las velas trae de seda,

la ejarcia de oro torzal,

áncoras tiene de plata,

tablas de fino coral.

Marinero que la guía

diciendo viene un cantar

que la mar ponía en calma,

los vientos hace amainar;

los peces que andan al hondo,

arriba los hace andar,

las aves que van volando,

al mástil vienen a posar.

Allí habló el infante Arnaldos,

Bien oiréis lo que dirá:

“-Por tu vida, el marinero

dígasme ora ese cantar.”

Respondiole el marinero,

tal respuesta le fue a dar:

-“Yo no digo mi canción

sino a quien conmigo va.”

No sé si fue en segundo o tercero de E.G.B., creo que una tutora de los mayores, llamada Marian, me daba lengua. Tenía el pelo largo y suelto. Leímos el conde Arnaldos, y mi mente comenzó a volar, mi alma se dejó llevar…

https://www.hoy.es/v/20100926/opinion/sino-quien-conmigo-20100926.html

Retrato de Lorca por Esteban Conde

RETRATO DE LORCA EN LAS HOGUERAS DE AGOSTO

Vivo que te quiero vivo

sobre el olivo sagrado,

no a dos metros bajo tierra

ni por la tinta enterrado.

Vivo que te quiero vivo,

bien vivo en este retrato

que en las hogueras de agosto

con mis palabras levanto.

Tu pelo es la noche negra

de Nueva York y los charcos

donde palomas sin paz

beben la lluvia del llanto.

Tu frente es la arena amarga

del coso triste en que Ignacio

derramó la sangre hermosa

de las fuentes de su mármol.

Tus cejas los dos caminos

que de pronto se cerraron

muy cerca de tu Granada

bajo un olivo asustado:

uno el camino del fuego,

otro el camino del canto,

y los dos como dos cauces

de dos ríos apagados.

Tus ojos son dos mañanas

con dos soles calcinaos

hartos de alumbrar las sombras

de muertos enamorados.

Tus orejas caracolas

donde resuenan los mágicos

gemidos de la guitarra

entre palmas de gitanos,

laberintos de sonidos

donde se pierden los pájaros

entre explosiones de frutas

y relinchos de caballos.

Tu nariz un tobogán

para el clavel y el geranio

y para el ácido triste

de la herida a navajazos.

Y cuando llego a tu boca

para cerrar tu retrato,

sé de pronto que estás muerto

como te quieren los fatuos,

los que levantan su nombre

a fuerza de estar nombrando

el tuyo, buen Federico,

madera de sus andamios.

Vivo que te quiero vivo

sobre el olivo sagrado.

por eso cito tu boca,

boca de labios cerrados,

para decir las palabras

que gritaron en tus labios:

Nunca os dejéis dominar

con la voz de los balazos;

la vida sabe a injusticia

y el hombre oficia de hermano

cuando la verdad se dice

con corazón y con manos.

ESTEBAN CONDE

Mas den Gall, 19-agosto-1986

Poema extraído del n° 35 de la revista MANXA, publicada en diciembre de 1986 por el Grupo Literario Guadiana. Ciudad Real.

Decir, al respecto, que el Retrato enaltece, aún más si cabe, la vida y obra del poeta. Con una impecable “des-humanidad”.

LASCIATEMI MORIRE

El madrigal es la composición más importante del Renacimiento.

Existen madrigales desde el siglo XV, pero es durante el XVI cuando se hallan en lo más alto.

El madrigal es el ambiente, el lenguaje, el sentimiento musical que no todos podían permitirse disfrutar, puesto que pertenecía a una clase selecta y culta, pero compuesto en lengua vulgar.

Fuente: apuntes

https://youtu.be/WRVasTFjG1kAnne Sofie von Otter




LAS ABARCAS DESIERTAS

Miguel Hernández

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

“Viento del pueblo”. En Viento del pueblo.

Publicado este poema el 2 de enero de 1937 en Ayuda, Semanario de la solidaridad, núm. 36, Madrid. El poeta colabora con la campaña de Socorro Rojo en beneficio de la infancia recogiendo donativos y juguetes.

Las Abarcas Desiertas
Feliz Noche de Reyes!!! Paz y salud!!!
Dibujos en versos

VII

Tu mirada, el horizonte,

profundo sonar del río,

la flor de mi umbral al monte

se fue porque tenía frío.

Pensarte es como tomar

prestada una melodía,

algo así como notar

rayos de sol en la umbría.

Gracias.

Flor Ka

 

SONGS AND PORTRAITS (Canciones y retratos)

Nadie sabe lo que es el campo, verde, intenso, y suavemente amplio, hasta que lo ama como a una mujer, como a algo cálido, entrañable y humano.

Tú que naciste de las colinas.

Criados en las colinas, amantes de las colinas.

Aunque el mundo no sea tu derecho.

Aunque tu alma se canse de males.

Esto lo sabrás por encima de otros hombres.

En las colinas encontrarás tu paz nuevamente.

Maxwell Struthers Burt


Campos de Castilla

Mañana, para agradecerles el calor con el que me han acogido, siendo yo tan aprendiz y ustedes tan maestros, sacaré de mi cajón la canción Cartas del Mar

Hola, me llamo Flor-Ka

Para empezar, os voy a contar de donde viene mi pseudónimo.

¿Conocéis la elegía de Lorca a Ignacio Sánchez Mejías?
Seguro que sí, pero para los que no la conocéis y también para los que sí pero quieren volver a recordarla, os recomiendo leerla entera porque es magnífica.

LA SANGRE DERRAMADA

¡Que no quiero verla! 

Dile a la luna que venga, 
que no quiero ver la sangre 
de Ignacio sobre la arena. 

¡Que no quiero verla! 

La luna de par en par. 
Caballo de nubes quietas, 
y la plaza gris del sueño 
con sauces en las barreras. 

¡Que no quiero verla! 

Que mi recuerdo se quema. 
¡Avisad a los jazmines 
con su blancura pequeña! 

¡Que no quiero verla! 
La vaca del viejo mundo 
pasaba su triste lengua 
sobre un hocico de sangres 
derramadas en la arena, 
y los toros de Guisando, 
casi muerte y casi piedra, 
mugieron como dos siglos 
hartos de pisar la tierra. 
No. 

¡Que no quiero verla! 

Por las gradas sube Ignacio 
con toda su muerte a cuestas. 
Buscaba el amanecer, 
y el amanecer no era. 
Busca su perfil seguro, 
y el sueño lo desorienta. 
Buscaba su hermoso cuerpo 
y encontró su sangre abierta. 
¡No me digáis que la vea! 
No quiero sentir el chorro 
cada vez con menos fuerza; 
ese chorro que ilumina 
los tendidos y se vuelca 
sobre la pana y el cuero 
de muchedumbre sedienta. 

¡Quién me grita que me asome! 
¡No me digáis que la vea! 

No se cerraron sus ojos 
cuando vio los cuernos cerca, 
pero las madres terribles 
levantaron la cabeza. 
Y a través de las ganaderías, 
hubo un aire de voces secretas 
que gritaban a toros celestes 
mayorales de pálida niebla. 
No hubo príncipe en Sevilla 
que comparársele pueda, 
ni espada como su espada 
ni corazón tan de veras. 
Como un río de leones 
su maravillosa fuerza, 
y como un torso de mármol 
su dibujada prudencia. 
Aire de Roma andaluza 
le doraba la cabeza 
donde su risa era un nardo 
de sal y de inteligencia. 
¡Qué gran torero en la plaza! 
¡Qué buen serrano en la sierra! 
¡Qué blando con las espigas! 
¡Qué duro con las espuelas! 
¡Qué tierno con el rocío! 
¡Qué deslumbrante en la feria! 
¡Qué tremendo con las últimas 
banderillas de tiniebla! 

Pero ya duerme sin fin. 
Ya los musgos y la hierba 
abren con dedos seguros 
la flor de su calavera
Y su sangre ya viene cantando: 
cantando por marismas y praderas, 
resbalando por cuernos ateridos, 
vacilando sin alma por la niebla, 
tropezando con miles de pezuñas 
como una larga, oscura, triste lengua, 
para formar un charco de agonía 
junto al Guadalquivir de las estrellas. 
¡Oh blanco muro de España! 
¡Oh negro toro de pena! 
¡Oh sangre dura de Ignacio! 
¡Oh ruiseñor de sus venas! 
No. 
¡Que no quiero verla! 
Que no hay cáliz que la contenga, 
que no hay golondrinas que se la beban, 
no hay escarcha de luz que la enfríe, 
no hay canto ni diluvio de azucenas, 
no hay cristal que la cubra de plata. 
No. 
¡¡Yo no quiero verla!!

Federico García Lorca, 1935

Uff, se me entrecorta la voz al recitarla, bien, señoras y señores, he señalado en negrita el verso por el cual me hago llamar Flor-Ka. Exacto. La flor de su calavera.
Bien, un placer haber compartido con vosotros mi primera entrada.

Que tengáis un día esplendoroso.
Muchas gracias.
Un abrazo.