La Herida del Pecado

XIII

Él vivía en la Colonia de las Flores,

una orilla había a sus pies del Manzanares,

entre azucenas y abejoneares

las camelias desprendían mil olores.

Él vivía en la Colonia de las Flores,

no apreciaba su sabor a hierbabuena,

cuando a mi soledad golpeó la pena

le vinieron de repente mil dolores.

Él vivía en la Colonia de las Flores,

se enredaba cada atardecer de mayo

la corteza de su alma con el tallo

de mi corazón bebiendo mil licores.

Gracias.

Flor Ka

white petaled flowers
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VII

Tu mirada, el horizonte,

profundo sonar del río,

la flor de mi umbral al monte

se fue porque tenía frío.

Pensarte es como tomar

prestada una melodía,

algo así como notar

rayos de sol en la umbría.

Gracias.

Flor Ka

 

Cartas del mar

En el fondo del mar hay cartas que no puedo olvidar.

Cartas de azufre; mi sangre, tinta; mi alma, metal.

La Luna llena refleja en mi ventana

las cartas convertidas en promesas incumplidas,

electrizan mis sentidos con el mar.

Cartas de azufre sumergidas bajo el mar.

Transportan mis latidos hasta hacerme bombear

la sangre derramada de mi alma condenada

a hundirse bajo el mar.

Cartas del mar.

Cartas que no puedo olvidar.

Cartas del mar.

Cartas que no puedo enterrar.

Sulfuran mi cabeza,

me cuentan que tu ausencia

es mi mayor dolencia

por haberte perdido…

Y en el fondo siempre te he buscado,

y en el fondo siempre te he querido,

y en el fondo viven las cartas del mar.

Muchas gracias🙏💕

Flor Ka

Trozos de papel (I)

Las cosas seguían mal. Todo apuntaba que iba a ser muy, muy difícil, escapar de su pasado.
Aquella noche no conseguía conciliar el sueño, así que abrió el cajón, ya sabía qué guardaba.
Sacó un par de las decenas de cartas; no pudo leer; cerró el cajón con tanta fuerza que se oyó cómo del golpe se desquebrajaron los tacos que encajaban con el mueble.
Las lágrimas cayeron en cascada. ¿Por qué le dolía tanto su pasado? Debía enfrentarse a él tarde o temprano, esa cobardía estaba durando demasiado, era hora de leer.
Apretó el botón de su pasado. Ya no había marcha atrás.

Siempre se repetían los mismos versos
Siempre se repetían.


La Luna lucía y yo quería oler la primavera.
Pero entera un sol de invierno la metía
en su caja de madera.

F. K