2 de enero de 1492

Romance de Abenámar

– ¡Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tu naciste

grandes señales había!

Estaba la mar en calma,

la luna estaba crecida,

moro que en tal signo nace

no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,

bien  oiréis lo que decía:

  • -No te la diré, señor,

Aunque me cueste la vida,

porque soy hijo de un moro

y una cristiana cautiva;

siendo yo niño y muchacho

mi madre me lo decía:

que mentira no dijese,

que era grande villanía;

por tanto, pregunta, rey,

que la verdad te diría.

  • -Yo te agradezco, Abenámar,

aquesta tu cortesía.

¿Qué castillos son aquellos?

¡Altos son y relucían!

  • -El Alambra era, señor,

y la otra la mezquita,

los otros los Alixares,

labrados a maravilla.

El moro que los labraba

cien doblas ganaba al día,

y el día que no los labra

otras tantas se perdía.

El otro es Generalife,

huerta que par no tenía,

el otro Torres Bermejas,

castillo de gran valía.

Allí habló el rey don Juan,

bien oiréis lo que decía:

  • -Si tú quisieses Granada,

contigo me casaría;

Romance de Amenábar

daréte en arras y dote

a Córdoba y a Sevilla.

  • -Casada soy, rey don Juan,

Casada soy que no viuda;

el moro que a mí me tiene

muy grande bien me quería.

Anónimo