DOS VIEJOS DIBUJOS PARA UNOS VERSOS-Juan Francisco Quevedo

Juan Francisco Quevedo -Poesía para vivir- Crónicas de un viajero que nunca se movió de casa: La España del siglo XVIII

El mundo nunca debiera ser una cárcel, ni concebirse como tal ni física, ni mentalmente.

Siempre debemos escapar incluso de lo peor de nosotros mismos.

Huye del tiempo

de muros y alambradas.

Busca el futuro.

Huye del tiempocarcel 2

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Pero, ¿qué sabías tú del amor?

Escribología

Pero, ¿Qué sabías tú de amor?
En tu inocencia creíste que podrías
definirlo con una palabra,
creíste que era un sentimiento
que tú buscabas y que podías controlar
te reías de esos que sufrían
que lloraban
que celaban
y que incluso perdían el sueño y el apetito
por un amor

“Qué ilusos” pensabas,
“qué inmaduros son”
pero, ¿qué sabías tú del amor?
si pensaste que era un sentimiento controlable
manejable, moldeable
si no lo reconociste cuando llegó a tu vida
si no contabas con que unos ojos te robarían el aliento
que una sonrisa te haría perder la noción del tiempo
y que una voz, esa voz te desequilibraría por completo

Qué iluso ¿no?
por pensar que puedes evitarlo
por pensar que puedes manejarlo a tu antojo
por pensar que nadie romperá tu coraza
por creer que nadie podría robar tu corazón

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La Desesperación

Me gusta ver el cielo

con negros nubarrones

y oír los aquilones

horrísonos bramar,

me gusta ver la noche

sin luna y sin sin estrellas,

y sólo las centellas

la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,

manando sangre y cieno

que impida el respirar,

y allí un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba

caer mansa del cielo,

e inmóvil en el suelo,

sin mecha al parecer,

y luego embravecida

que estalla y que se agita

y rayos mil vomita

y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte

con su ronco estampido,

y al mundo adormecido

le haga estremecer,

que rayos cada instante

caigan sobre él sin cuento,

que se hunda el firmamento

me agrada mucho ver.

La llama de un incendio

que corra devorando

y muertos apilando

quisiera yo encender;

tostarse allí un anciano,

volverse todo tea,

y oír como chirrea

¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña

de nieve tapizada,

de flores despojada,

sin fruto, sin verdor,

ni pájaros que canten,

ni sol haya que alumbre

y sólo se vislumbre

la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,

solar desmantelado,

me place en sumo grado

la luna al reflejar,

moverse las veletas

con áspero chirrido

igual al alarido

que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno

lleven a los mortales

y allí todos los males

les hagan padecer;

les abran las entrañas,

les rasguen los tendones,

rompan los corazones

sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida

que inunda fértil vega,

de cumbre en cumbre llega,

y arrasa por doquier;

se lleva los ganados

y las vides sin pausa,

y estragos miles causa,

¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,

el juego, las botellas,

en torno de las bellas

alegres apurar;

y en sus lascivas bocas,

con voluptuoso halago,

un beso a cada trago

alegres estampar.

Romper después las copas,

los platos, las barajas,

y abiertas las navajas,

buscando el corazón;

oír luego los brindis

mezclados con quejidos

que lanzan los heridos

en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno

pedir a voces vino,

mientras que su vecino

se cae en un rincón;

y que otros ya borrachos,

en trino desusado,

cantan al dios vendado

impúdica canción.

Me agradan las queridas

tendidas en los lechos,

sin chales en los pechos

y flojo el cinturón,

mostrando sus encantos,

sin orden el cabello,

al aire el muslo bello…

¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

 

NOCHE OSCURA, COMENTARIO DE TEXTO

Centro de Estudios Poéticos

NOCHE OSCURA

  1. En una noche oscura,

con ansia, en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.

  • A oscuras y segura

por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,

a escuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.

  • En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

  • Aquesta me guiaba

más cierto que la luz del mediodía

adonde me esperaba

quien bien yo me sabía

en parte donde nadie parecía.

  • ¡Oh noche que guiaste!

¡Oh noche, amable más que la alborada!

¡Oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada en el Amado transformada!

  • En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo me regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba.

  • El aire del amena,

cuando ya sus cabellos esparcían,

con su mano serena

en mi cabello hería,

y todos mis sentidos suspendía.

  • Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado;

cesó todo y dexéme,

dexando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

PRIMERA PARTE

La primera estrofa describe su salida, llena de ardiente amor, a salvo y segura porque ha vencido los apetitos sensuales. Este es el significado del verso “estando ya mi casa sosegada”. La palabra sobresaliente que empieza el movimiento del poema es “salí”. Pero ¿quién salió? ¿quién es el protagonista del poema?: los participios “inflamada”, “notada”, “amada” y “transformada” hacen suponer que se trata de un ser femenino. Y, dado que dicho ser habla de unirse a su Amado, tendríamos motivos para ver la acción en términos de un amor terrenal. O bien, este aspecto femenino alude al ser espiritual (el alma, palabra que nunca se menciona en el poema, concebida desde siempre como femenina). Obviamente, esta ambigüedad es intencionada por parte del autor, no solamente debido a su deseo de expresar en sentido figurado lo espiritual por medio de lo físico, sino que, además, el hecho de que la identidad del protagonista se plantee como evidente por sí misma, sin más explicaciones, hace que nos sintamos atraídos inmediatamente a la atmósfera del que habla de su amor (de ella) y podemos compartir, sin hacer preguntas, su experiencia a medida que esta va desarrollándose en el poema.

Volviendo de nuevo al “salí”: ¿de dónde fue esa salida? ¿de dónde surge este súbito movimiento? Pero sólo en las dos primeras estrofas, conjuntamente, se nos da esta sugerencia. Por eso los estudios que se han hecho señalan que ambas deben tomarse como una sola oración (sin estar separadas por un punto, como se hace en todas las ediciones): contienen las mismas rimas y, si se estudian como una unidad, el periodo que las abre mostrará ese “paralelismo de miembros” tan característico de la literatura hebrea. Comparemos los paralelismos en:

“Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma;

Lo busqué y no lo hallé.

Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;

Por las calles y por las plazas

Buscaré al que ama mi alma;

Lo busqué y no lo hallé.”

(Cantar de los Cantares, 3, 1-2)

Y en las estrofas 1 y 2 de nuestro poema.

  • La segunda estrofa es una repetición de lo mismo, pero ahora representa la purgación del espíritu.

Estas cadencias musicales de ambas estrofas, incluso como de baile, ayudan a situar la “Noche” en el clima misterioso bíblico, en el cual movimientos que parecerían sin sentido en una primera lectura vemos que son guiados por la Providencia. En la quietud de la noche oímos esos sonidos misteriosos, apoyados, como si dijéramos, por motivos-palabras que se repiten con una insistencia que manifiesta un propósito claro: aquí las repeticiones no están destinadas a aclarar un concepto, nos encontramos con unos motivos-palabras muy sencillos que se repiten parsimoniosamente con muy poca variación. Estos motivos prestan a estas dos estrofas una gran semejanza, establecen entre ellas un paralelismo.

En las expresiones “en una noche escura” “a escuras y segura” “a oscuras y en celada” (en secreto) encontramos la palabra “escuro” repetidas veces. Mientras que en “sin ser notada” –“secreta escala disfrazada”- “en celada” la repetición se produce solamente por afinidad temática (repetición sinonímica).

Además de afinidades encontramos suaves contrastes también. El alma agitada por la pasión (inflamada) sale de una casa silenciosa (sosegada); la oscuridad de la noche (a escuras) está en oposición a la seguridad del propósito (segura). Y el hecho de que “ventura” rime con “segura” sugiere también una contradicción, aunque esta es atenuada por el hecho de que a la aventura se la califique de “dichosa”. La decisión del alma es, en efecto, una aventura hacia lo desconocido, una aventura, no en el sentido trivial que hoy se le da a la palabra, sino en el sentido medieval, en que la totalidad de la vida era una aventura por parte del hombre. El alma, que aquí ha decidido encontrar lo divino se ha comprometido en una aventura existencial y el adjetivo “dichosa” nos asegura que el ser divino le dará la respuesta. La palabra “escala”, con su connotación de altura, es el símbolo del desarrollo del alma hacia arriba.

  • Las dos estrofas siguientes deberían también tomarse conjuntamente por dos motivos. Por el hecho de que ambas tienen las mismas rimas en -ía y también debido a un discreto paralelismo que las recorre. Aquí volvemos a encontrar la alternancia de motivos que nos asegura el continuo fluir del poema: las palabras “dichosa” y “secreta” de la estrofa 2 reaparecen. La expresión “sin ser notada” es continuada por “nadie me veía”. “En celada” por “en parte donde nadie parecía”. También podemos anotar que en este par de estrofas el único verbo principal es el imperfecto “guiaba”. Una vez tomada la decisión y anunciada dramáticamente por el pretérito “salí”, la acción puede calmarse para convertirse en un ritmo tranquilo, seguro, prolongado, que sugiere firmeza de dirección. Y advertimos un tono nuevo de serenidad y claridad: ahora hemos pasado a “en la noche dichosa” desde “en una noche escura”: la noche se ha transformado ahora en un medio familiar en el cual el alma conoce su camino.

En esta oscuridad aparece una luz interna en la persona y esta luz nos es presentada la primera vez “sin otra luz… sino la que…”, como si, con ello, se la hiciera surgir de la oscuridad. Es este brillo que guía el alma (guía-guiaba) con mayor certeza que la luz del  mediodía. Con la primera línea de la estrofa 4 se sugiere un estallido de dichoso alivio: “aquesta me guiaba”.

Del laberinto de la tercera estrofa, que sugiere el movimiento del alma mientras se abre paso a tientas en las tinieblas, surge, como un claro, la guía segura; la luz clarísima que al principio se nos sugirió negativamente. En una proposición dependiente, ahora en la oración principal, se la saluda abiertamente. De esta manera, la estructura oracional traduce el progreso del alma, que se ha esforzado, alentada por una esperanza interna (segura-dichosa) hasta que ahora su luz interior brilla también fuera, a su alrededor, hacia el objetivo ya bien claro (adonde), hacia ese alguien (quien) cuya morada conoce instintivamente.

“Quien yo bien me sabía/en parte donde nadie parecía”. Aquí tenemos la idea de un conocimiento secreto, exclusivo, del mismo modo que antes se hicieron sugerencias de un viaje secreto, clandestino (la escalera mística estaba camuflada: “disfrazada”). Aunque el motivo del amor clandestino procede de los convencionalismos de la poesía amorosa de los trovadores (amor cortés), con Juan de la Cruz ha adquirido un sentido místico. Esto es posible dado que la creencia cristiana admite un Dios personal. Con estos últimos versos, con la alusión a “quien”, la peregrinación ha llegado a su fin. Más adelante se revelará la identidad de ese “quien” misterioso.

Mediante la técnica de la variación musical semántica (repeticiones y contrastes) y de una serie de recursos sintácticos, se nos ha conducido de la “noche oscura” a la luz que brilla más que el día; de la soledad al encuentro con el que es el objetivo. De hecho la primera idea de privación la encontramos expresada por elementos gramaticales negativos (sin, nadie, ni… cosa, sin, nadie) que conducen, finalmente, a los positivos (aquesta, quien), a la realización; “no ver nada” conduce a ver al Amado. Este es un proceso típico de la experiencia mística, en la cual, la privación, renuncia y purgación son el punto de partida para la realización.

SEGUNDA PARTE

  • Este es el sentido de las jubilosas exclamaciones con las que empieza esta parte, que consiste en una sola estrofa, la quinta:

¡Oh noche que guiaste,

Oh noche amable más que la alborada,

Oh noche que juntaste…!

Aquí vemos una paradoja: “noche que guiaste”. Es más natural pensar que lo que guía es la luz; pero, como sabemos, la noche se ha transformado en luz. Y esta noche radiante, además, ha juntado (juntaste) este “juntaste” es el clímax de la secuencia “guiaba” -guiaste- juntaste. Ya hemos observado que en “aquesta me guiaba” había un tono nuevo de tranquilidad; ahora, con “¡oh noche que juntaste!” la guía ha terminado y se ha llegado al objetivo, la iniciativa pasa de la luz del corazón a la noche misma y es sólo la noche la que produce la unión.

Este símbolo poético de la noche, como la mediadora del matrimonio espiritual, es original de Juan de la Cruz. Es un símbolo y no una alegoría espiritual, porque la idea que sugiere no es la evidente: primero tenemos que encontrar la correlación especial que sugiere el poeta que, además, no tiene que ser constante, como la alegoría, sino que puede variar. Con Juan de la Cruz la noche es un símbolo intraducible, generador de situaciones y emociones nuevas que deben irse entendiendo a medida que se van desarrollando: primero la noche era solamente el medio en el que el alma solitaria emprendía su viaje; ahora se ha convertido en la guía e incluso en el mediador entre Amante y Amado. De hecho la noche misma es atraída hacia la atmósfera de “amar”: “noche amable”. En cierto modo, al ser el amor el que une a los amantes, con la expresión “¡oh noche que juntaste…!”, si el amor es el que los junta y la noche es la que los junta: noche = amor.

En la expresión “noche amable más que la alborada” (continuación de motivo “más cierto que la luz del mediodía”) se invierte la evaluación normal de la noche y el día sugiere lo contrario a la valoración cristiana del alba, en que la estrella matutina se saluda como anuncio de que los poderes de las tinieblas y del mal han sido derrotados por los del bien. Quizá, en este caso, la inspiración poética provenga del género trovadoresco denominado el “alba” en el que tan a menudo la gloria de la noche amorosa es ensalzada con menosprecio del alba. (El vigía de la torre advierte a los enamorados del peligro del alba que se aproxima etc.)

Esta unión mística no representa ninguna transformación, no existe ninguna igualdad entre los amantes. El poeta utiliza el amor humano como metáfora del amor por lo divino pero eso no significa igualdad: la amada se somete al amado.

Esta estrofa representa la culminación lírica del poema. Esto se refleja en el lenguaje por la secuencia de tres apóstrofes a la noche. Estilo exclamatorio que ya anunciaba la expresión “¡oh dichosa ventura!”. Pero ahora el sentido de gozo, de plena euforia se expresa mediante un recurso que la liturgia judeocristiana se reservaba para referirse a la deidad: el vocativo, seguido por expresiones que describían los triunfos o los favores de Dios, las cuales, a su vez, pueden ir seguidas por la petición de más favores.

TERCERA PARTE

  Pasamos ahora a la escena de la unión mística:

  • Con los primeros versos de la estrofa seis nos damos cuenta inmediatamente que estamos ante una quietud y una conducta nuevas, en contraste con la euforia y solemnidad de lo anterior. Observemos primero la palabra “pecho”, que tiene tanto un significado moral (corazón) como físico. Seguramente el segundo verso hay que entenderlo en el sentido moral “que entero para él sólo se guardaba”, haciendo por primera vez explícito el motivo de la peregrinación: de aquel “salí” que al principio pudo parecer impulsado por la pasión súbita pero que ahora se nos revela como impulsado por una arraigada fidelidad al ser divino. Sin embargo, con el “pecho florido” de la primera línea no podemos dejar de ver una sugerencia de sensualidad, aquí el alma separada del cuerpo alcanza el trance místico.
  •  En cuanto al “allí” (allí quedó dormido), que es un adverbio lógicamente superfluo, advertimos cierta insistencia emocional. Hasta ahora hemos seguido el viaje del alma sin que se haga referencia al amado que esperaba en el lugar de la cita. Ahora, en la palabra “allí”, se nos sugiere la acogida, la receptividad, la espera, del ser divino hacia el alma. Allí duerme el ser divino y, mientras duerme, el alma conoce el arrebato místico del final que no se describe hasta la última estrofa. En esta escena idílica centrada en el ser divino en reposo, se mitiga toda actividad, se hace callar a todos los participantes: la divinidad, el alma humana, la naturaleza, representada por los cedros que sugieren un paisaje bíblico. La cualidad idílica de la escena se realza por el polisíndeton, que da a entender una ternura sin fin (y yo le regalaba / y el ventalle de los cedros aire daba).
  • La palabra “aire” se repite en la primera línea de la estrofa siguiente (siete). Nos parece estar todavía en la misma atmósfera suave, con la ligera brisa anterior, pero no nos engañemos, es el aire de la almena. Y esto sugiere guerra, un ataque súbito, flechas hostiles. (Algunos estudiosos observan este matiz militar, otros en cambio no lo han percibido, para estos la torre es un refugio agradable en el que los amantes han subido para disfrutar del aire que sopla suavemente entre los torreones). Pero quienes defienden la primera tesis insisten: ¿son los cedros, incluso los del Líbano, lo bastante altos para llegar a los torreones?.

Por supuesto que no. sin duda los amantes están al pie de la torre, entre los cedros. Así que es desde esta noche desde la que algo golpea y hiere, este algo es el aire que golpea suavemente con su “mano serena”, pero da en el blanco y deja la muerte dulce a su paso.

Este es el momento de éxtasis y aniquilamiento (todos mis sentidos suspendía) que experimentaron todos los místicos y que ellos mismos describen como mezcla de dulzura celestial y de dolor penetrante. Y la mano serena que hiere sugiere una atrevida personificación que, sin embargo, no acaba de materializarse: el “aire de la almena” no se solidifica convirtiéndose en una figura de contornos definibles, es un agente intangible, inmaterial, que, mediante una actividad imperceptible, produce el efecto culminante mientras Cristo duerme. Se ha sugerido que pudiera ser el Espíritu Santo aunque, a su vez, reconocen que ya es imposible desvelar el misterio con que San Juan quiso por una parte al tiempo ocultar y por otra revelar, el misterio de la actividad inactiva, la actividad de la deidad.

  • Veamos ahora la última estrofa, de la que cabe decir que expresa acústicamente la extinción gradual de la vida: un amor-muerte. Incluso antes de llegar a ella nos hemos enterado de que todos los sentidos quedaban suspendidos: las sensaciones suscitadas anteriormente (el olfato-las flores, el tacto-el aire-) ahora están adormecidas; la vida de los sentidos, que alcanzó su máxima en la unión mística, retrocede; el poeta ha estimulado los sentidos solamente para que nos diéramos cuenta del erotismo espiritual experimentado por el alma mística que abandonará la vida de los sentidos. Y este estado de privación queda simbolizado, muy acertadamente, por las azucenas inmaculadas blancas, que se perfilan sobre el alba. La sugerencia es de una nada beatífica, de un gradual olvido de uno mismo, y se consigue mediante la combinación de dos recursos: se nos ofrece un cuadro de relajación corporal que conduce a la extinción física (recliné mi rostro, dejéme), junto con un efecto acústico de conjuro arrullador producido por la repetición monótona de sonidos.

En cuanto a lo primero (relajación corporal, extinción física): “el rostro recliné” sugiere claramente lo físico; “dejéme” da a entender tal vez una mezcla de lo físico y lo espiritual; “dejando mi cuidado” describe exclusivamente un estado del alma. Es aspecto psíquico-físico y el activo-inanctivo de la experiencia mística no podría expresarse de mejor forma que por medio de este ambivalente “dejar”.

En cuanto a los recursos acústicos, podemos señalar las dos variaciones del verbo “dejar” (dejéme-dejando) y las dos de olvidar (olvidéme-olvidando), y especialmente la repetición de la rima en –eme (quedéme-olvidéme) que sugiere un gradual hundimiento en el abismo del olvido. Y en las frases: “dejéme/dejando mi cuidado/entre las azucenas olvidado”, que ofrecen una cadencia final, prolongada, tenemos una transición del momento de abandonar el mundo al estado resultante de ese acto: el olvido que se ha alcanzado ya. En la palabra final “olvidado”, se nos presenta este estado como un hecho consumado, el alma ya está unida a Dios.

TEMAS

  • Es evidente la gran importancia que la belleza de los objetos naturales tiene en este poema (al igual que en el “Cántico Espiritual”). Esos seres han sido creados por Dios, por esta razón el alma, al contemplarlas, se siente movida a amarlo.

En este poema nos encontramos con el más profundo y extenso de los temas simbólicos de San Juan: la Noche. En la obra en prosa que explica este poema establece como axioma que, comparado con el infinito ser de Dios, todo lo que representan las criaturas equivale a nada. De ello se deduce que quienes ponen su afecto en ellas son nada o menos que nada. El hombre solo puede ser algo si se une místicamente a Dios, pero para que esto ocurra, primero tiene que haberse despojado de todo apego a las criaturas. Este proceso de erradicación, conocido como purgación, es el primer sentido que da al término “Noche Oscura”. Pues como la noche es una privación de la luz, así la privación de sus facultades ordinarias puede denominarse noche del alma.

  • Por eso las primeras imágenes asociadas con la Noche Oscura son las que expresan privación: soledad, silencio, desasimiento de sí mismo y de todas las cosas. Estas palabras no tienen asociaciones de dolor.

Pero el símbolo de la noche oscura también significa la fe como impulso que empuja al alma hacia Dios, pero es oscura porque Dios es incomprensible a la razón. Incluso al final, al alcanzar la unión, sigue siendo de noche para el alma porque el mensaje divino debe permanecer oscuro: Dios parecerá oscuro a la inteligencia humana porque ésta carece de inteligencia para percibirlo. Como los sentidos y la razón son inútiles para percibir la verdadera luz, deben ser desechados y sustituidos por la fe. La noche oscura entonces representa un estado anterior al día y que lo anuncia. Todo esto, que puede adivinarse confusamente en el poema, lo explica el autor en sus comentarios en prosa, detalladamente.

CONCLUSIÓN  

         A pesar de todo, puede que, para terminar este análisis, debamos enfrentarnos con un problema importante: la expresión de la experiencia mística de un modo tan sensual, la presentación de amor místico en términos que podrían interpretarse como descriptivos de lo erótico. ¿Acaso no es esto sacrilegio? -se pregunta el estudioso de San Juan- ¿Acaso no es la tradición pagana recogida por el catolicismo lo que aquí aflora a la superficie? La respuesta parece ser que, sencillamente, la descripción del acontecimiento místico en términos físicos proporciona un efecto gráfico de realidad que de otra manera, tal vez, no se hubiese conseguido. Aquí lo físico hace concreta la emoción impalpable. El valor documental del poema no se puede negar. La belleza de la descripción del místico atestigua su veracidad. Recordemos que la capacidad de dar evidencia material y temporal a la experiencia espiritual la encontramos por vez primera en el mayor de los poetas medievales: Dante. La lírica moderna, religiosa o profana, está en deuda con poetas religiosos como Dante y Juan de la Cruz por la evidencia que han dado para siempre a la descripción del sentimiento interno.