El rosario

La habanera era número obligado de todas las serenatas callejeras de aquellos días, y la mujer, personaje muy principal en cuantas fiestas o manifestaciones republicanas se celebraban en la ciudad.
Recuerdo la música de aquel baile, todo lo bien que permite mi desastroso oído. La letra, de una deliciosa coherencia, decía así:


Republicana del alma mía:
tú, que a las flores envidia das,
ven, derribemos la Monarquía:
de mis amores reina serás.
La morenita que yo prefiero
es una niña muy liberal;
cuando la digo “por ti me muero”,
responde: ” i Viva la libertad!”.


La Republicana, como se la llamó hasta su muerte, era una honrada cigarrera, llamada si yo no enmaraño los recuerdos- Agueda Montes, entusiasta por las glorias del gorro frigio y por los políticos que las encarnaba.

MEMORIAS DE UNO A QUIEN NO SUCEDIO NADA

Ediciones de Librería Estvdio.
Avda. Calvo Sotelo, 21. Apartado 441 РSantander (Espa̱a)
I.S.B.N.: 84-85429-28-1
Depósito Legal: SA-84-1983
Imprime: GUZMAN
Gravina, 13. Santander

El rosario

Enrique Menéndez y Pelayo, Santander, 8 de diciembre de 1861 –

22 de agosto de 1921, ESCUELA LITERARIA MONTAÑESA

http://centrodeestudiosmontaneses.com

Publicado por Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

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