El Vientre

Capítulo I

El vientre tiene
una hondura de tierra,
y allí el cuerpo se nutre como el árbol.
La térrea condición del hombre nunca,
nunca más clara.

Allí hay raíces, arroyos que pasan invisibles,
piedras oscuras, limos.
Y plantado está el hombre.
Allí se moja o nutre, de allí crece.

Externamente piénsase
que la materia se concentra aunándose
para dar en cintura.
Tirante, oculta el fango;
de todo, menos fuego:
todo arde frío y pasa, y todo queda,
revuelto en craso origen.

Aquí muy lento crece
el tronco. Surtió, surtió despacio
con un esfuerzo unánime.
¡Distinto!, y sus raíces
resuelta vida toman, y trastornadas muestran
la suavidad oreada, donde el azul en viento las comprueba.

Verdad, verdad creciente.
Y el vientre envía vida.
Y sube en savia clara
y es savia colorida, y se hace pecho,
y allí es aire, girando.

vicente.
Y más, y aún más envía,
y es son, rumor de voz: viento armonioso.
Y aún del vientre más vida,
y sube más y es luz: sus ojos puros.
Y al fin ya sumo acaba:
cielo que le corona suavemente.

Y todo, vientre oscuro,
tenaces raíces, piedras, masa oculta.
Materia no distinta: tierra enorme.

 

 

La concesión, en 1977, del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre (1898-1984) supuso el máximo reconocimiento a una de las voces poéticas más originales de la lírica española de la primera mitad del siglo XX.

Una de las grandes aportaciones del poeta sevillano fue incorporar el surrealismo al acerbo de la poesía española, como plasman sus poemarios iniciáticos Espadas como Labios y Pasión de la Tierra.

Luego, su poesía exploró nuevos caminos por los que, en busca de inspiración, transitaron muchos poetas españoles posteriores.

 

En  En un vasto dominio (1962), Aleixandre se aleja de la estética surrealista para componer una poesía más apegada al hombre y la realidad.

Si bien este libro no puede ni debe adscribirse a la denominada poesía social, queda patente el interés del autor sevillano por lo “atropocéntrico”, una poesía donde resuenan ecos de las preocupaciones, no solo existenciales, del “hombre histórico”.

La peculiar estructura de este poemario, dividido en capítulos, nos habla también de una cierta intención narrativa.

 

Imagen: El País

Libro: Voces Críticas

 

Publicado por

Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

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