Cuatro Poetas y una aprendiz… Cinco Sonetos.

XXI

No me sucede lo que a aquel poeta

que versifica a una beldad pintada,

y al cielo mismo emplea como adorno,

midiendo cuanto es bello con su bella;

y en henchidas imágenes la acopla

al sol, la luna y a las gemas ricas

y a las flores de Abril y las rarezas

que el aire envuelve en este globo vasto.

Sincero amante, la verdad escribo.

Mi amor es tan gentil, podéis creerme,

como cualquier hijo la madre, y brilla

menos que las candelas celestiales.

Dejad que digan más los habladores;

yo no quiero ensalzar lo que vendo.

WILLIAM SHAKESPEARE

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

AMOR de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
FEDERICO GARCÍA LORCA

EL HONDO SUEÑO

Este soñar a solas… ¡Si tu vida
de pronto amaneciese ante mi espera!
¿Por dónde voy cayendo? Primavera,
mientras, en torno mío dilapida

su olor y se me escapa en la caída.
¡Tan solitariamente se acelera
-y está la noche ahí, variando fuera-
la gravedad de un ansia desvalida!

Pero tanto sofoco en el vacío
cesará. Gozaré de apariciones
que atajarán el vergonzante empeño

de henchir tu ausencia con mi desvarío.
¡Realidad, realidad, no me abandones
para soñar mejor el hondo sueño!

JORGUE GUILLÉN

I

Tuvo mi corazón, encrucijada
de cien caminos, todos pasajeros,
un gentío sin cita ni posada,
como en andén ruidoso de viajeros.

Hizo a los cuatro vientos su jornada,
disperso el corazón por cien senderos
de llana tierra o piedra aborrascada,
y a la suerte, en el mar, de cien veleros.

Hoy, enjambre que torna a su colmena
cuando el bando de cuervos enronquece
en busca de su peña denegrida,

vuelve mi corazón a su faena,
con néctares del campo que florece
y el luto de la tarde desabrida.

ANTONIO MACHADO

LA HERIDA DEL PECADO

Que ya no recuerda mi alma dormida

ni la mitad de lunas que ha llorado,

ni las noches que rechazó el pecado

solamente para impedir su herida.

Y es que lo bueno acaba enseguida.

Y es que el dolor viene sin ser llamado.

Y es que cualquier tiempo del pasado

siempre me parece mejor vida.

Si mi alma réproba ha de relevar

su espiritualidad, ha de morirse

mi corazón, y así ir a descansar

cuando la muerte le permita irse.

¿Habré de soportar el malestar

del alma que está a punto de rendirse?

FLOR KA
Publicado por

Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

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