🌹Flor Ka ☠️

Para amantes de la poesía

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El grupo del 27 aparece hacia 1920, como consecuencia de una doble situación histórico-literaria. Ese movimiento vanguardista dividía a los poetas, unos más tradicionales y otros más deshumanizados.

Era natural que en una poesía que aspiraba a deformar y eludir la realidad, la metáfora pasara de ser un componente del poema a ser la espina dorsal.

MUJER CON ALCUZA

1 ¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

5 Acercaos: no nos ve.
Yo no sé que es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

11 Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.

17 Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

30 Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
44 ¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
50 y muchas, muchas noches.

 51 Pero el horrible tren ha ido parando,
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

56 Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
62 cuán bestia es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
64 una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
66 como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su
alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en
sucesión que llamamos vivir.
pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

77 Y por fin se ha dormido,
Sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
83 por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
84 o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
85…aún mareada por el humo del tabaco.

86 Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
90 siempre con un ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

94 … No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iba cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
98 sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
99 algún chillido como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
Sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.

105 Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola, y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
123 porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
129 que no conduce nadie.

130… Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
132 que aun hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
ente caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de
cruces,
de cercanas cruces,
146 de cruces lejanas.

147 Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra de putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
163que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
167 en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

Dámaso Alonso, Hijos de la ira, 1944

Versos 1-16. Plano real: caminante urbana.

Versos 13-16. Estos versos nos separan ya del simple cuadro anecdótico de la mujer, introduciendo la alegoría de la vida como camino, en que el terror oscuro expresa el miedo a la muerte.

Versos 17-29. El cambio de escenario a un campo yerto nos lleva al plano simbólico del poema: el paso irreal por el cementerio, que no es sino el gran espacio yerto del tiempo en el que quedan enterradas todas las vivencias de la mujer.

Verso 31. Con este verso entramos en la parte principal del poema: una alegoría de la vida como viaje en un tren. No obstante, lo elementos de la visión sepulcral seguirán apareciendo a lo largo del poema.

Versos 44-50. El ritmo de este fragmento sugiere el traqueteo del tren que, en los dos últimos versos, disminuye la velocidad para detenerse.

 

Verso 51. Las estaciones del cuadro alegórico son sucesos o vivencias de la viajera a través del tiempo que, al terminar, se concierten en tumbas.

Verso 62. La injusticia existencial del tiempo que corre incesantemente hacia su fin, la muerte.

Verso 64. Una poderosa imagen onírica de corte surrealista.

Verso 66. Desplazamiento calificativo en que el color blanco atribuido a la alegría procede del color de los vestidos infantiles, llevados en las fiestas.

Versos 77-85. El sueño de la viajera (igual que su mareo) es la progresiva pérdida de la sensibilidad con la edad hasta reaccionar sobre todo ante sucesos dramáticos, representados aquí por dos metáforas de gran realismo.

Verso 90. Ansia turbia o el deseo de morir, contrasta con el terror oscuro (versos 14-15) que interpretamos como el miedo a la muerte. Los dos sentimientos son confusos (oscuro,turbia) y contradictorios.

Versos 98-99. Imágenes de significado idéntico a las de los veros 863-84. Impresionan las identificaciones sinestésicas de los efectos acústicos (risa-puñal; chillido-limón agrio) que contagian todo el ambiente con una sensación de amargura y tristeza.

Versos 105-129. Sin duda el fragmento de mayor intensidad en el poema. La reiteración del verso: y estaba sola, entre los versos progresivamente alargados, causa la aceleración de la lectura que produce una fuerte sensación de angustia y, a partir del verso 123, de un abatimiento resignado. El último verso constituye una rotunda afirmación de la no-existencia de Dios.

Verso 132. Fuerza ciega y monstruosa (sin pupilas) representa el destino del hombre (o el instinto de conservación).

Versos 133-146. Estos versos constituyen una especia de resumen temático en el que se integran los tres planos del poema (real, simbólico y alegórico).

Versos 163-167. La conclusión del poema contiene  la única expresión de una posible justificación de la existencia humana: su productividad creadora.

 

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