A una amiga que envidia a los poetas

¿Sabes la suerte de los que cantan

goces y penas del corazón?

Son hortelanos que un huerto plantan,

do jamás gustan fruto en sazón.

Son peregrinos que nunca encuentran

en su camino dicha ni paz,

y dondequiera que habitan o entran,

ven la injusticia de torva faz.

Viven buscando luz y consuelo,

viven ansiando grandeza y bien;

pero sòlo hallan en este suelo

duras espinas para su sien.

Nadie comprende los sinsabores,

que para ellos en todo están;

aunque regando de bellas flores

siempre un camino de abrojos van.

No los envidies, tú eres dichosa

sin ese triste, nulo poder

con que ellos cantan la dicha hermosa

que nunca llegan a poseer.

Juana Rosa de Amèzaga

Perú 1853-1904

Juana Rosa de Amézaga ya tenía conquistado el renombre como poetisa de astro vibrante cuando entregó a la prensa su libro Pensamientos y Máximas, donde resalta una labor filosófica y proficua en beneficio de la mujer peruana: sus ideales educacionistas están cristalizados con mano maestra.

Clorinda Matto de Turner

Trabajadoras rurales. Mendoza, viñedo fines del siglo XIX. Imagen del Archivo General de la Nación Argentina, disponible en el dominio público por Wikimedia Commons.

Las obreras del pensamiento en la América del Sur

Publicado por

Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

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