Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el  vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

Gustavo Adolfo Bécquer

COMENTARIO DE TEXTO

La estructura general del poema tiene por soporte básico un procedimiento literario antiquísimo: el paralelismo entre sentimientos humanos y fenómenos de la naturaleza. Y este paralelismo, en este caso, no directo o lineal, sino contrapuesto; los fenómenos de la naturaleza se repiten constantemente pero no aquellos que fueron testigos del sentimiento humano. Mediante este paralelismo, el sentimiento humano (irrepetible) está confrontado con el carácter cíclico de los fenómenos de la naturaleza, lo que produce una intensificación del sentimiento doloroso que quiere expresar. Sin embargo, cosa curiosa, el poeta, en el fondo, no habla de su dolor directamente, sólo dice que, en el carácter cíclico de la naturaleza, no se repiten fenómenos que fueron testigos de su felicidad. Esto nos define claramente el poema pero el sentimiento doloroso se expresa con una gran delicadeza, pudor y comedimiento. No hay ni asomo de aquella ostentación, de aquel exhibicionismo sentimental tan característico de los poetas románticos de la generación anterior a Bécquer.  

Fijémonos en el carácter de los elementos de la naturaleza que figuran en la antítesis. Son elementos (pájaros, flores) que crean un ambiente de intimidad y ternura, no son elementos majestuosos o grandiosos. Hay, pues, una armonía entre la delicadeza del sentimiento humano expresado, o más bien sugerido, y los elementos naturales. Vale la pena ver lo acertado de la elección desde otro punto de vista: los pájaros vienen y se van, las flores florecen y desflorecen, vuelven a florecer.

Tanto más cruel el dolor del sentimiento humano que, una vez muerto, no podrá renacer, en medio de una naturaleza siempre renaciente.

Como existen varios elementos que tienen la misma finalidad, eso, indudablemente, aumenta la expresividad de lo que el poeta quiere comunicar.

Sus seis estrofas se dividen claramente en tres parejas paralelas. En cada una de ellas aparece un motivo distinto (las golondrinas, las madreselvas, las palabras de amor). Pero todos estos motivos son, en el fondo, variaciones de un mismo motivo básico. Las tres están encuadradas por ciertos rasgos verbales: la repetición anafórica de la palabra “volverán” al principio de las primeras estrofas de cada pareja, y “pero” al principio de las estrofas segundas, y la repetición de las palabras “no volverán” al final de las estrofas segundas, excepto la última.

Las variaciones están, por tanto, organizadas según el principio de la simetría. Y este hecho tiene, naturalmente, su función: simetría significa orden y estamos viendo que el poema es, en la expresión del dolor comedido, pudoroso, (ordenado), no hay  en él frenesí alguno (desorden).

El lenguaje del poema produce la inmersión de una extraordinaria sencillez. Y no sólo en el léxico, también en la sintaxis. Es verdad que en el poema hay bastantes inversiones del orden de las palabras, pero todas ellas absolutamente transparentes. La misma sencillez se observa en el plano de las imágenes, no hay ninguna rara o sorprendente. En realidad hay muy pocas, o más exactamente, pocas imágenes que se sientan inmediatamente como tales: “lágrimas del día” y alguna más. También aparecen pocos epítetos y, entre los que hay, existe una clara tendencia hacia los que expresan cualidades intrínsecas del objeto (las oscuras golondrinas).   

Es cierto que los epítetos de Bécquer son en su mayoría sensoriales (expresan cualidades perceptibles por los sentidos) y por consiguiente son muy expresivos; pero al ser de este tipo se atenúa su energía expresiva potencial. Los epítetos becquerianos no son sorprendentes, reveladores, singularizadores, no “gritan”; al contrario, preceden o siguen al sustantivo como compañero silencioso y discreto, igual que el sentimiento que ayuda a evocar o sugerir.

El ritmo del poema es tranquilo, se desborda, como el dolor, al final.

Publicado por

Flor Ka

El poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte, y, cuando está vivo, camina con un pie en la tumba. Eso produce una especie de cojera que da a su aspecto cierto encanto. JEAN COCTEAU

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