La Ventanera

¿Qué esperas ver por la ventana, ventanera?

¿Acaso sigues creyendo en los cuentos de hadas?

¿A ti no te habían roto el corazón?

Ves el Sol, la Luna, las nubes, las estrellas, el mar y la montaña.

Ves todas las cosas bellas de la vida por esa ventana, y sin embargo nada te llena.

¿Qué esperas ver por la ventana, ventanera?

¿Acaso sueñas con un marinero que venga a rescatarte?

No sueñes más, ventanera. El marinero no llegará.

Y si llega, ventanera, tampoco te llenará.

Flor Ka

Título original: La noia en la finestra
Museo: Museo Reina Sofía, Madrid (España)
Técnica: Óleo (105 x 74.5 cm.)

… sino a quien conmigo va.

¡Quién hubiera tal ventura

sobre las aguas del mar,

como hubo el infante Arnaldos

la mañana de San Juan!

Andando a buscar la caza

para su falcón cebar,

vio venir una galera

que a tierra quiere llegar;

las velas trae de seda,

la ejarcia de oro torzal,

áncoras tiene de plata,

tablas de fino coral.

Marinero que la guía

diciendo viene un cantar

que la mar ponía en calma,

los vientos hace amainar;

los peces que andan al hondo,

arriba los hace andar,

las aves que van volando,

al mástil vienen a posar.

Allí habló el infante Arnaldos,

Bien oiréis lo que dirá:

“-Por tu vida, el marinero

dígasme ora ese cantar.”

Respondiole el marinero,

tal respuesta le fue a dar:

-“Yo no digo mi canción

sino a quien conmigo va.”

No sé si fue en segundo o tercero de E.G.B., creo que una tutora de los mayores, llamada Marian, me daba lengua. Tenía el pelo largo y suelto. Leímos el conde Arnaldos, y mi mente comenzó a volar, mi alma se dejó llevar…

https://www.hoy.es/v/20100926/opinion/sino-quien-conmigo-20100926.html

La Herida del Pecado

LA HISTORIA DE DOS ALMAS CRUZADAS

Miradas. Ángel Crespo. Donde no corre el aire

Ella tenía un millón de sueños sin cumplir,
él ha tocado mogollón de veces en Madrid.
Ella escribía poesía de espinado amor,
él canta a la libertad con un blues desgarrador.

Ella es tan caliente como congelada,
gira en espirales llenas de variantes,
huye de una vida que halla fracasada,
combina whiskys con sedantes.

Él la seduce, le encanta en la cama,
le ayuda a relajarse al bajar de la fama.

Él dice honesto: No puedo salvarte,
volando de concierto en entrevista
no me queda tiempo para darte,
nunca te enamores de un artista.

Ella se cuelga de cualquiera
que le dedique tiempo.
—Busco alguien que me quiera,
no soy lo que aparento.

Hoy van cada uno por su esquina,
ella con sus críos, cansada de amoríos,
de casa a la oficina.

Él con sus discos levanta una carrera,
se aferra a la guitarra en su buhardilla,
lidiando el alquiler con la casera.

Una noche después de un concierto,
una amiga en común le contó
que la hermana de Tito había muerto
y la trágica forma en que ocurrió.

No quiso esperar más el porvenir,
se fue de este planeta,
por fin cumplirá el sueño de escribir
con Lorca y con Violeta.

Él sabe que el destino es caprichoso,
salvarla hubiera dado igual
Pero algo en su interior está dudoso,
el alma no le deja trabajar.

¿Qué menos que cantar esta balada?
Y aquí empieza y acaba
La historia de dos almas cruzadas.

Flor-Ka

Gracias

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Respondiole el marinero,

tal respuesta le fue a dar:

-“Yo no digo mi canción

sino a quien conmigo va. “

 

 

Retrato de Lorca por Esteban Conde

RETRATO DE LORCA EN LAS HOGUERAS DE AGOSTO

Vivo que te quiero vivo

sobre el olivo sagrado,

no a dos metros bajo tierra

ni por la tinta enterrado.

Vivo que te quiero vivo,

bien vivo en este retrato

que en las hogueras de agosto

con mis palabras levanto.

Tu pelo es la noche negra

de Nueva York y los charcos

donde palomas sin paz

beben la lluvia del llanto.

Tu frente es la arena amarga

del coso triste en que Ignacio

derramó la sangre hermosa

de las fuentes de su mármol.

Tus cejas los dos caminos

que de pronto se cerraron

muy cerca de tu Granada

bajo un olivo asustado:

uno el camino del fuego,

otro el camino del canto,

y los dos como dos cauces

de dos ríos apagados.

Tus ojos son dos mañanas

con dos soles calcinaos

hartos de alumbrar las sombras

de muertos enamorados.

Tus orejas caracolas

donde resuenan los mágicos

gemidos de la guitarra

entre palmas de gitanos,

laberintos de sonidos

donde se pierden los pájaros

entre explosiones de frutas

y relinchos de caballos.

Tu nariz un tobogán

para el clavel y el geranio

y para el ácido triste

de la herida a navajazos.

Y cuando llego a tu boca

para cerrar tu retrato,

sé de pronto que estás muerto

como te quieren los fatuos,

los que levantan su nombre

a fuerza de estar nombrando

el tuyo, buen Federico,

madera de sus andamios.

Vivo que te quiero vivo

sobre el olivo sagrado.

por eso cito tu boca,

boca de labios cerrados,

para decir las palabras

que gritaron en tus labios:

Nunca os dejéis dominar

con la voz de los balazos;

la vida sabe a injusticia

y el hombre oficia de hermano

cuando la verdad se dice

con corazón y con manos.

ESTEBAN CONDE

Mas den Gall, 19-agosto-1986

Poema extraído del n° 35 de la revista MANXA, publicada en diciembre de 1986 por el Grupo Literario Guadiana. Ciudad Real.

Decir, al respecto, que el Retrato enaltece, aún más si cabe, la vida y obra del poeta. Con una impecable “des-humanidad”.

Mujer con alcuza

El grupo del 27 aparece hacia 1920, como consecuencia de una doble situación histórico-literaria. Ese movimiento vanguardista dividía a los poetas, unos más tradicionales y otros más deshumanizados.

Era natural que en una poesía que aspiraba a deformar y eludir la realidad, la metáfora pasara de ser un componente del poema a ser la espina dorsal.

MUJER CON ALCUZA

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé que es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro, por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y remejía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando,
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestia es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su
alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en
sucesión que llamamos vivir.
pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
Sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
…aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con un ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

… No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iba cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún chillido como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
Sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola, y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

… Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aun hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
ente caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de
cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra de putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

Dámaso Alonso, Hijos de la ira, 1944

La Fuente

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La fuente es otra imagen muy desarrollada. En las églogas, con su marco pastoril típico, es donde más frecuentemente suele aparecer. En la Égloga II de Garcilaso es testigo importantísimo de la de la acción que se dramatiza:

En medio del invierno está templada

el agua dulce desta clara fuente,

y en el verano más que nieve helada”

En la literatura mítica se produce un uso simbólico de la fuente.

La fuente es origen de la gracia divina que gratuitamente lo inunda todo.

Un significado similar tiene “Cántico Espiritual” de S. J. de la Cruz, cuando los ojos del amado se reflejan en sus aguas cristalinas:

“¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados

formases de repente

los ojos deseados

que tengo en mis entrañas dibujados!”

La Herida del Pecado

XIII

Él vivía en la Colonia de las Flores,

una orilla había a sus pies del Manzanares,

entre azucenas y abejoneares

las camelias desprendían mil olores.

Él vivía en la Colonia de las Flores,

no apreciaba su sabor a hierbabuena,

cuando a mi soledad golpeó la pena

le vinieron de repente mil dolores.

Él vivía en la Colonia de las Flores,

se enredaba cada atardecer de mayo

la corteza de su alma con el tallo

de mi corazón bebiendo mil licores.

Gracias.

Flor Ka

white petaled flowers
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